Prepararse para las limitaciones de infraestructura, desde la escasez de memoria hasta los límites de potencia

8 de julio de 2026


El crecimiento de la inteligencia artificial y las limitaciones del suministro físico están obligando a los directores de sistemas de información a prolongar los ciclos de vida del hardware y a pasar de una planificación financiera a una planificación centrada en la resiliencia física a largo plazo.

Históricamente, la planificación de infraestructuras seguía un guion predecible. Los directores de sistemas de información (CIO) equilibraban los presupuestos, los ciclos de renovación y las autorizaciones de adquisición, y cuando la demanda se disparaba, la solución era sencilla: conseguir la financiación y ampliar la capacidad. La única limitación real era el presupuesto.

Hoy en día, las mayores limitaciones no se encuentran en las hojas de cálculo, sino que tienen su origen en la realidad física. La memoria de gran ancho de banda escasea. Cada vez es más difícil conseguir componentes clave para los servidores. La disponibilidad de energía eléctrica se está reduciendo y la capacidad de refrigeración se está convirtiendo en un factor seriamente limitante. En muchos casos, la pregunta ya no es «¿podemos permitírnoslo?», sino «¿podemos conseguirlo?».

El aumento de las cargas de trabajo de IA y la expansión imparable de data centers a hiperescala data centers acelerado este cambio. Las cadenas de suministro, que antes satisfacían holgadamente la demanda de las empresas, se ven ahora al límite de su capacidad, ya que los hiperescaladores acaparan las GPU, la memoria y grandes cantidades de capacidad energética. Lo que antes era un ecosistema estable y predecible se ha convertido en un terreno lleno de retos.

Para los directores de sistemas de información (CIO), esto les obliga a replantearse seriamente la situación. Las estrategias de adquisición ya no pueden dar por sentada la disponibilidad. Se están reconsiderando los ciclos de renovación. Incluso se están cuestionando supuestos arraigados desde hace tiempo sobre dónde debe ubicarse la infraestructura. Y lo que quizá sea más importante, la limitación ya no es solo financiera. Cada vez más, las organizaciones con presupuestos aprobados se ven obligadas a esperar, a veces meses más de lo previsto, a recibir la infraestructura que necesitan para seguir adelante.

En este nuevo contexto, planificar no consiste solo en gastar con sensatez, sino en garantizar el acceso en un mundo en el que el suministro es incierto.

El nuevo cuello de botella en las infraestructuras

Durante el último año, gran parte del debate se ha centrado en la escasez de GPU provocada por el aumento de la demanda de IA. Sin embargo, la presión ya no se limita a los aceleradores, sino que se está extendiendo a casi todos los componentes principales de la infraestructura. La memoria de gran ancho de banda, los módulos DIMM, los sistemas de almacenamiento, las fuentes de alimentación e incluso los componentes de las placas base se ven cada vez más sujetos a restricciones de asignación. Esto no está provocando un desequilibrio temporal, sino que está dando lugar a un cambio estructural.

Anteriormente, los fabricantes de semiconductores distribuían su producción entre una amplia variedad de mercados, desde dispositivos de consumo hasta sistemas empresariales y ordenadores portátiles. La inteligencia artificial ha revolucionado ese modelo. La capacidad de fabricación se está orientando hacia implementaciones a hiperescala e impulsadas por la inteligencia artificial a un ritmo sin precedentes, lo que deja a los compradores empresariales compitiendo por una oferta disponible cada vez más reducida. Para los directores de sistemas de información (CIO), las consecuencias son cada vez más difíciles de ignorar.

Muchas organizaciones están observando ahora cómo los costes de los servidores superan con creces las previsiones iniciales. Si bien los precios de catálogo de los fabricantes de equipos originales (OEM) han aumentado entre un 15 % y un 20 % aproximadamente, las fuertes subidas de los precios de la memoria y otros componentes esenciales —que en algunos casos superan el 50 %— están provocando un aumento significativo de los costes totales del sistema.

Los plazos de entrega, que antes se prolongaban unas pocas semanas, ahora se miden en meses y, en algunos casos, rozan el año. Incluso el propio proceso de aprovisionamiento se ve sometido a una gran presión, ya que, según se informa, los proveedores mantienen sus presupuestos vigentes durante tan solo 72 horas, al tener que lidiar con la volatilidad de los precios y la incertidumbre en cuanto a la disponibilidad. Para las empresas acostumbradas a ciclos de aprobación internos de varias semanas, esto genera un nuevo tipo de fricción operativa.

Y la disrupción no se limita al data center. A medida que se da prioridad a la memoria de alto rendimiento para las cargas de trabajo de IA, la presión sobre los precios está empezando a extenderse a los ordenadores portátiles y los dispositivos finales. Algunas organizaciones están recurriendo a tecnologías más antiguas, como las copias de seguridad en cinta, para cubrir las carencias de capacidad mientras esperan una infraestructura que se está retrasando. El resultado es una tensión inesperada en mercados que, hasta hace poco, eran estables y predecibles.

Esto hace que muchos directores de sistemas de información (CIO) se vean obligados a sopesar difíciles dilemas. Ante unos presupuestos fijos, algunas organizaciones simplemente están comprando menos de lo previsto. Otras están posponiendo los proyectos por completo, a la espera de que la oferta se ponga al día. En respuesta a ello, las estrategias relativas al ciclo de vida de la infraestructura están cambiando.

Los sistemas que antes se renovaban cada tres o cinco años se mantienen en servicio durante cinco años o más, y algunas organizaciones están ampliando sus ciclos de vida hasta seis o incluso siete años, a medida que las presiones de costes y las limitaciones de suministro redefinen las estrategias de infraestructura. Como resultado, los proveedores de mantenimiento externos y los mercados de hardware de segunda mano están adquiriendo mayor importancia, ya que ofrecen una forma de prolongar la vida útil de los activos existentes y, al mismo tiempo, reducir la exposición a los retrasos en las adquisiciones.

En muchos aspectos, los objetivos de sostenibilidad y las necesidades operativas están empezando a coincidir. Alargar el ciclo de vida de las infraestructuras puede reducir los residuos electrónicos y los gastos de capital, pero también exige nuevos enfoques en materia de mantenimiento, fiabilidad y gestión del rendimiento. Lo que antes era una simple decisión de renovación es ahora un cálculo mucho más estratégico.

El problema físico: la potencia, la refrigeración y data center

Las interrupciones en la cadena de suministro son solo una parte del reto. Detrás de ellas se esconde una limitación aún más fundamental: la física.

Los sistemas modernos de IA requieren una densidad de cálculo considerablemente mayor que las cargas de trabajo empresariales tradicionales. Esto conlleva un aumento correspondiente del consumo energético y de la generación de calor, lo que cambia de forma radical el diseño de los data center modernos. Durante décadas, muchos entornos empresariales se diseñaron en torno a racks que consumían aproximadamente 3 kW por armario. Hoy en día, los racks de 50 kW son cada vez más habituales en entornos de IA y de computación de alto rendimiento. Algunas implementaciones de GPU de última generación ya están alcanzando los 150 kW por rack. Ese cambio lo transforma todo.

La infraestructura de refrigeración diseñada para entornos empresariales tradicionales suele ser incapaz de gestionar estas cargas térmicas. Como consecuencia, la refrigeración líquida, que antes se consideraba una tecnología muy especializada, se está convirtiendo rápidamente en una necesidad para muchas implementaciones de alta densidad. Pero la refrigeración es solo una parte de la ecuación. El problema más importante es la propia disponibilidad de energía.

En muchas regiones, los hiperescaladores ya se han asegurado gran parte de la capacidad energética futura para respaldar la expansión de la IA. Esto está generando limitaciones posteriores no solo para data centers empresariales, data centers para la planificación general de las infraestructuras regionales. En algunos mercados, las empresas de suministro eléctrico estiman plazos de entre cinco y siete años para las principales mejoras en el suministro eléctrico, lo que significa que las organizaciones ya no pueden dar por sentado que podrán solicitar megavatios adicionales cuando los necesiten.

Como consecuencia, la estrategia de ubicación está cambiando. Históricamente, a la hora de data center solían primar la conectividad, el clima y los aspectos económicos inmobiliarios, pero ahora el factor decisivo suele ser, sencillamente, si hay suministro eléctrico disponible. Este cambio está impulsando la expansión de las infraestructuras hacia regiones que antes no se consideraban data center importantes data center .

La disponibilidad de agua se está convirtiendo en otro problema fundamental. Muchos sistemas de refrigeración avanzados requieren importantes recursos hídricos, lo que genera un conflicto entre data center y las preocupaciones en materia de sostenibilidad. En algunos casos, las administraciones locales ya están examinando minuciosamente o limitando la expansión debido a su impacto medioambiental. Esta dinámica está poniendo de manifiesto las limitaciones de la forma en que el sector mide la eficiencia.

La eficacia en el uso de la energía (PUE) sigue siendo uno de los indicadores más utilizados para evaluar data center , pero no siempre refleja la eficiencia informática global. Una instalación puede mejorar su índice PUE funcionando a temperaturas más altas, por ejemplo, aunque al mismo tiempo reduzca el rendimiento de los servidores debido a la limitación térmica.

Esto plantea una cuestión controvertida para los directores de sistemas de información (CIO) y los responsables de infraestructuras: ¿debería medirse la eficiencia únicamente en función del consumo energético, o en función de la cantidad de potencia de cálculo productiva generada por vatio? A medida que aumenten las cargas de trabajo de IA, esa distinción cobrará cada vez más importancia.

Cómo deben responder los directores de sistemas de información ante las limitaciones a largo plazo de la infraestructura

La conclusión más importante para los responsables empresariales es que es poco probable que estas limitaciones desaparezcan a corto plazo. Las condiciones actuales del mercado indican que la presión sobre el suministro, las limitaciones energéticas y la volatilidad de las infraestructuras podrían prolongarse hasta bien entrado el año 2027. Esto significa que los directores de sistemas de información (CIO) deben pasar de adoptar medidas de mitigación a corto plazo a planificar la resiliencia a largo plazo.

Esto comienza por reevaluar las hipótesis sobre el ciclo de vida de la infraestructura. Prolongar la vida útil del hardware será cada vez más habitual, pero para hacerlo con éxito se requieren estrategias de mantenimiento más sólidas, una mejor supervisión y una gestión de activos más disciplinada. Es posible que las organizaciones también tengan que diversificar sus modelos de abastecimiento, incorporando sistemas reacondicionados, asistencia de terceros y estrategias de implementación híbridas para reducir la dependencia de cadenas de suministro con limitaciones. La planificación de la capacidad también debe ser más dinámica. Los ciclos de adquisición tradicionales, basados en calendarios de renovación predecibles, podrían dejar de ser suficientes en un entorno caracterizado por la fluctuación de la disponibilidad y los precios.

Los directores de sistemas de información (CIO) tendrán que colaborar más estrechamente con los equipos de instalaciones, operaciones y sostenibilidad. Las decisiones sobre infraestructura ya no pueden quedar limitadas a los departamentos de TI, cuando la disponibilidad de energía, refrigeración y agua afecta directamente a la viabilidad de la implementación. Y lo que es más importante, es posible que las organizaciones tengan que replantearse qué significa la optimización de la infraestructura.

Durante años, el sector ha dado prioridad al máximo rendimiento y a los ciclos de renovación rápidos. La siguiente fase exigirá encontrar un equilibrio entre el rendimiento, la disponibilidad, la eficiencia y la sostenibilidad a largo plazo.

La era de la inteligencia artificial está trayendo consigo oportunidades extraordinarias para la innovación, pero también está poniendo de manifiesto los límites físicos del ecosistema de infraestructuras que la sustenta. Las organizaciones que se adapten con mayor eficacia serán aquellas que reconozcan que la resiliencia de las infraestructuras ya no es solo una cuestión de adquisición, sino una capacidad operativa estratégica.

Foto de primer plano de Chris Carreiro

Sobre el autor

Chris Carriero,
Como director de tecnología, Chris es el principal responsable técnico de Park Place Technologies. Es el encargado de la innovación corporativa, la investigación y el desarrollo, así como de las nuevas ofertas de la cartera de productos. Chris trabaja en colaboración con los responsables comerciales y tecnológicos de toda la empresa, impulsando la materialización de los conceptos tecnológicos Park Place. Conoce a la perfección cómo las organizaciones afrontan los retos y las oportunidades que plantean las tecnologías emergentes, como el Edge, la IA, el blockchain y la refrigeración líquida (por inmersión).